Creí que caía frenéticamente
al precipicio de los males
que encierran tu aliento.
Pero me resisto a caer,
con el peso total de mi ausencia
y el aroma embriagador
de nuestra nueva lluvia.
HE muerto tantas veces
enel vacío de tus ojos,
en el humo que son tus caricias.
Me resisto a pisar nuevamente
los cristales dolientes
de tu indiferencia;
Cuando tu sonrisa se torna negra
y has de convertirte
en el verdugo de mi existencia.
Labios rojos de la lluvia de cianuro,
que son tus besos.
Diminuta cárcel de mis entrañas...
La hora infinita de mis ansias
y tu candor que nunca será suficiente
julio 14, 2010
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