Siempre le ha faltado a mi voz la fuerza que a mi visión le debo toda mi realidad.
Todas las formas de amar que conozco son solo la misma idea,,, una idea rota en la cabeza, una idea desgarrada, carnal, visceral hasta la mas abstrusa entraña de un éxtasis en delirio; intensidad de frío, necesidad de dolor con tintes de placer.
He sido infiel desde el instante en que mi mano conserva el nacimiento de un suspiro subversivo , ansioso como mi boca de palpar la caricia que anhelo, que entraño.
Busqué sobre esta superficie resquebrajada la tinta que creí siempre me pertenecería, o a la que pertenezco, y encuentro el carbón nostálgico de mi creación.
Me duelo como duele el rojo en la cabeza, con la intensidad del agua helada hacinando mi cerebro. Me duele como el corazón debe doler para saberse existente hasta la culminación de mi deseo, hasta que quiero ya no intentar ser.
Pero recuerdo la versión secreta de su sonrisa, mi forma primera de amar y la razón última de mi existencia. Soy siempre el recuerdo latente que nunca quiere su imagen desvanecer. Soy la diferencia oculta entre el zumbido de su oído y el respirar de su ilusión.
Solo soy.
Maldita la imagen que sepulcro día a día y que exhumo noche a noche, creyendo tener fuerza de soslayar cualquier herida, pero al final solo mi imagen. Púrpura ardiente que me consume con su arrogancia, amor que corroe mi desvenada razón, no quiero ver más de lo que imagino, no quiero andar más de lo que piso, desde mañana para encontrar ayer. Ayer es, esto, esto soy… Un ayer gangrenado de esperanza inútil, humana tenía que ser.
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